“La historia de la fea, primera parte”

Os voy a contar una historia, es una historia con tres partes.

Primera parte: la curiosidad y el instinto.

Hace muchos años, casi 16 de hecho, tuve un profesor en la Universidad que me pidió expresamente que confiara en mi instinto.

Recuerdo sus palabras, “Confía en tu instinto, porque tu instinto no es una mera casualidad, es el resultado de años de estudio”.

Esa frase resonó en mi cabeza hace poco más de un mes. Estaba navegando por la web, acompañada de mi café, cuando la encontré.

Era una casa de una única planta, hormigón visto y madera, suficientes datos para despertar mi curiosidad.

Sus lineas, partido, decisiones de diseño no habían sido evidentemente resultado del azar.

Me dirigí a la web del estudio a cargo de la obra y encontré que estaba “under construction”.

Decidí escribirles y darles mi mas humilde enhorabuena.

No había pasado una hora cuando recibí respuesta, agradecidos por mis felicitaciones se ponían en contacto conmigo.

Les comenté entonces, que tenía intención de escribir un post sobre la obra, y para mi sorpresa encontré un mail muy generoso en respuesta brindándome toda la ayuda que necesitara, contando con información adicional como planos, esquemas y fotografías.

Volví a escribir al estudio unas semanas mas tarde, preguntándoles por una anécdota, una historia, algo que quisieran comentarme que no involucrara la resolución arquitectónica únicamente, todos esos datos son más que interesantes, pero reconozcámoslo sólo nos interesan a los arquitectos.

Las casas, los hospitales, los centros comerciales, las estaciones de metro, las escuelas, todos los espacios diseñados y construidos toman vida por y para la gente.

¿Cuánto más habría por decir de la CASA en si misma?, nuestro refugio, reposo y cobijo desde tiempos inmemoriales.

-Cómo el ser humano no deja nunca (afortunadamente) de sorprenderme, recibí la llamada de uno de los arquitectos involucrados en el diseño y dirección de la obra.

Era viernes por la mañana, Carlos Pereda tuvo la amabilidad de ponerse en contacto conmigo y contarme las anécdotas más destacadas sobre el proceso de diseño, construcción, búsqueda del constructor y realización de los detalles de carpintería por un ebanista de profesión y vocación evidentes.

Tengo la dicha de contar entre mis manos con esas mimadas anécdotas, porque simplemente nos animamos a dialogar. Por un lado un estudio de arquitectura generoso, flexible y  abierto que cree que hay mucho más por decir o contar de una obra más allá de sus detalles

constructivos, y por el otro lado una curiosa e inquieta arquitecta que cree en su instinto por encima de muchas otras cosas.

Es por ello que la primera parte de esta historia tiene que ver con el contacto entre partes,

con el animarse a expresar una opinión, con tocar la puerta a través de un e-mail, con escuchar y responder.

Y una vez más tiene que ver con el instinto.

Bendito instinto y consejo que me llevaron a expresar aquello que me había conquistado en tan solo un minuto.

La segunda parte nos desvelará anécdotas sobre la relación entre el estudio de arquitectura y el cliente, un cliente de lo más particular y hasta me animaría a decir que único en su “especie”.