“La historia de la fea, tercera parte : el diálogo con el Constructor y los gremios”

Habiendo cerrado el proyecto debían encontrar un constructor capaz de resolver y construir aquel equilibrado y desafiante proyecto.

El comienzo fue muy duro, porque ningún constructor sabía interpretar los planos, confundían alzados con plantas,

y no comprendiendo la génesis y desarrollo de la obra no se es capaz de materializarla.

Pero ante la primer desilusión la propiedad no se dio por vencida, busco incansablemente y encontró al Constructor apropiado que iba a dar vida a su próxima vivienda.

En el pueblo de al lado residían Pepe Castellanos y su hijo Tomás.

Pepe había regresado de Suiza y había montado una empresa con su hijo, “Trespaderne SL”.

Las reacciones de Pepe y Tomás frente a los planos y detalles fueron completamente opuestas a aquellas que habían recibido hasta entonces.

Pepe encontró en ese proyecto la posibilidad de ejecutar una obra de hormigón visto por dentro y por fuera, le daría la oportunidad de enseñarle a su hijo la profesión.

Podría de esa forma transferir toda la experiencia que había atesorado en Suiza, Pepe enseñaría el oficio y Tomás aprendería.

El diálogo se presentaba como protagonista, y conformaba el puente entre padre e hijo, entre el aprendiz y el maestro.

Tomás se entregó a cada una de las etapas constructivas de la que sería en definitiva su más exigente experiencia.

La obra lo pondría a prueba día tras día, le plantearía interrogantes y los caminos a seguir serían parte de la responsabilidad que tendría como Jefe de Obra.

Se pondría a cargo de cada una de las decisiones de ejecución, y todos los que trabajamos o hemos trabajado en el gremio sabemos que no es una tarea sencilla.

“Tomás planeaba y repasaba semanalmente todas las directrices, tenía todo estudiado, era normal su llamada al estudio para plantear dudas o comentar posibles imprevistos”

– comenta el Arquitecto Carlos Pereda, con un tono de voz entusiasta, al preguntarle por el desarrollo de la obra.

No se si os habeís fijado bien, pero…¿A que las carpinterías son de un acabado impecable? Más allá de cumplir con ese primer requerimiento de la propiedad,

”las carpinterías serán de suelo a techo, no?”, ¿os acordais?, fueron ejecutadas por José Luis Mainz, experto ebanista-artesano por vocación y aparejador por formación.

José había sido premiado en Campeonatos de Oficios, como ganador en la Modalidad de Carpintería.

Su entrega al trabajo y la encomienda, lo llevaban a reproducir los detalles de carpintería que el estudio le entregaba en escala 1:10 a escala 1:1 (si, si, escala real) sobre paneles de DM.

Los paneles de José hoy están celosamente guardados en el estudio, como muestra de su profesionalidad.

Finalmente os agrego una última anécdota, quizás la más graciosa de todas, puesto que para el pueblo

y algunas personas que pasean habitualmente por esa zona la casa no tiene la fisonomía o volumetría a la que están acostumbrados, y debido a ese impacto morfológico la han bautizado como “la fea”.

Para mi, sin embargo que conocí su historia, será la casa de la curiosidad, el diálogo, la entrega, el trabajo en equipo bien sincronizado, la dedicación y pasión por el hacer arquitectura.

Detrás de sus muros, sus huecos, su jardin, sus detalles prolijamente terminados hay una historia.

Humildemente me atrevo a transferir estas anécdotas, porque a mi también me impresionaron y conmovieron.

La arquitectura es la historia del hábitat de los hombres, es la evolución de nuestra mirada y nuestras necesidades, de la técnica aplicada a la construcción, es nuestra propia huella y marca

sobre este mundo, como no iba a querer contar una historia tan real y cuidada; que no hace más que confirmar que somos artífices de nuestros espacios y refugios.

Confirma, además, que hacer Arquitectura es diseñarnos, dimensionarnos, comunicarnos y proponernos a un entorno real sea cual fuere su escala o medida.

Seguiremos haciendo arquitectura, y no sólo los arquitectos, sino tambien los carpinteros, los constructores y los clientes o propietarios.

Participaremos de este desafiante y a la vez gratificante proceso que hemos elegido, cada uno de nosotros desde su lugar y medida sumándonos en la búsqueda de un resultado común.

 

Vivienda Unifamiliar Villarcayo,Burgos.

Estudio Pereda-Perez

http://www.peredaperez.com/

Fotografias de Arquitectura

Pedro Pegenaute

http://www.pedropegenaute.es/2013/vivienda-villarcayo/

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“La historia de la fea, segunda parte: el diálogo con el cliente”

 

“Las carpinterías llegarán hasta el suelo, verdad?” – preguntaba en forma temerosa la propiedad al estudio de arquitectura.

El comitente estaba formado por una pareja joven y sus dos hijos, decididamente emocionada por la arquitectura contemporánea,

por tanto identificaban este tipo de carpinterías como símbolo de la arquitectura moderna.

Esa era una de sus mayores preocupaciones, la casa debía ser contemporánea.

Sin embargo, el diálogo con el cliente no se redujo a una lista de requerimientos que todo arquitecto enfrenta en cada proyecto que inicia,

por el contrario, este cliente formó parte del proceso constructivo.

Si, si formó parte del proceso de obra y ejecución de la que sería meses mas tarde su hogar.

La devoción, dedicación y tiempo otorgados a la obra sorprendió a cada paso a los arquitectos Carlos Pereda y Oscar Perez,

como también al constructor y todos los gremios involucrados.

La pareja fratasó a mano el porche y los suelos exteriores, participaron en la ejecución del tendido eléctrico y la jardinería.

Esta iba a ser su casa, y lo sería desde el principio.

“La calidad de ejecución en cada una de las tareas fue brillante” – comentaba el Arquitecto Carlos Pereda emocionado.

Con lo cual, el diálogo formó parte de la ejecución, los propietarios consultaban como debían hacer cada una de las tareas

y agregaban dedicación, tiempo y cariño. Yo lo llamo IVA, impuesto al valor agregado,

porque es un plus que surge o brota naturalmente cada vez que nos apasiona una tarea y nos impulsa a hacer todo lo necesario,

inclusive a inventarnos un nuevo camino para poder llevar a cabo nuestro objetivo.

El cariño y empeño que pusieron en su casa fue parte de la obra desde el comienzo

y así fue como ellos mismos participaron de la búsqueda del constructor. Pero esa anécdota forma la tercer parte de esta historia.

“La historia de la fea, primera parte”

Os voy a contar una historia, es una historia con tres partes.

Primera parte: la curiosidad y el instinto.

Hace muchos años, casi 16 de hecho, tuve un profesor en la Universidad que me pidió expresamente que confiara en mi instinto.

Recuerdo sus palabras, “Confía en tu instinto, porque tu instinto no es una mera casualidad, es el resultado de años de estudio”.

Esa frase resonó en mi cabeza hace poco más de un mes. Estaba navegando por la web, acompañada de mi café, cuando la encontré.

Era una casa de una única planta, hormigón visto y madera, suficientes datos para despertar mi curiosidad.

Sus lineas, partido, decisiones de diseño no habían sido evidentemente resultado del azar.

Me dirigí a la web del estudio a cargo de la obra y encontré que estaba “under construction”.

Decidí escribirles y darles mi mas humilde enhorabuena.

No había pasado una hora cuando recibí respuesta, agradecidos por mis felicitaciones se ponían en contacto conmigo.

Les comenté entonces, que tenía intención de escribir un post sobre la obra, y para mi sorpresa encontré un mail muy generoso en respuesta brindándome toda la ayuda que necesitara, contando con información adicional como planos, esquemas y fotografías.

Volví a escribir al estudio unas semanas mas tarde, preguntándoles por una anécdota, una historia, algo que quisieran comentarme que no involucrara la resolución arquitectónica únicamente, todos esos datos son más que interesantes, pero reconozcámoslo sólo nos interesan a los arquitectos.

Las casas, los hospitales, los centros comerciales, las estaciones de metro, las escuelas, todos los espacios diseñados y construidos toman vida por y para la gente.

¿Cuánto más habría por decir de la CASA en si misma?, nuestro refugio, reposo y cobijo desde tiempos inmemoriales.

-Cómo el ser humano no deja nunca (afortunadamente) de sorprenderme, recibí la llamada de uno de los arquitectos involucrados en el diseño y dirección de la obra.

Era viernes por la mañana, Carlos Pereda tuvo la amabilidad de ponerse en contacto conmigo y contarme las anécdotas más destacadas sobre el proceso de diseño, construcción, búsqueda del constructor y realización de los detalles de carpintería por un ebanista de profesión y vocación evidentes.

Tengo la dicha de contar entre mis manos con esas mimadas anécdotas, porque simplemente nos animamos a dialogar. Por un lado un estudio de arquitectura generoso, flexible y  abierto que cree que hay mucho más por decir o contar de una obra más allá de sus detalles

constructivos, y por el otro lado una curiosa e inquieta arquitecta que cree en su instinto por encima de muchas otras cosas.

Es por ello que la primera parte de esta historia tiene que ver con el contacto entre partes,

con el animarse a expresar una opinión, con tocar la puerta a través de un e-mail, con escuchar y responder.

Y una vez más tiene que ver con el instinto.

Bendito instinto y consejo que me llevaron a expresar aquello que me había conquistado en tan solo un minuto.

La segunda parte nos desvelará anécdotas sobre la relación entre el estudio de arquitectura y el cliente, un cliente de lo más particular y hasta me animaría a decir que único en su “especie”.

Si, si…pero

No se que opinan ustedes pero a mi la decisión de la tira o el pabellón sobre otro tipo de partido arquitectónico me parece correctísimo, sacar provecho del muro existente y otorgarle responsabilidad estructural es una operación evidente.

La disposición de los ambientes resulta lógica, pero sin embargo no encuentro nada atractivo el corte.

Subir y bajar, subir y bajar … me resulta incómodo.

 

¿La lógica del prisma o el pabellón, no sugiere un plano contínuo, o a lo sumo interrumpido, pero visualmente conectado por el mismo nivel de cota?

A mi el hecho de interrumpirlo y generar doble altura me parece lógico, una operación de diseño válida, y también efectiva para volcar los ambientes de la planta superior y/o circulaciones al espacio social o más concurrido de la casa, por otra parte le brinda la posibilidad al espacio principal de resaltar en medio de la tira.

No todos podemos ser iguales, no todos somos útiles para lo mismo.

Pero la constante alteración desmerece la alteración en si.

Vamos que para mi, es o una cosa o la otra.

 

Por otra parte el tratamiento y el uso de la fachada como agente activo es inteligente y necesario, lástima que parece que esas decisiones las siguen tomando aquellos que habitan climas mucho más extremos, y nosotros, los que habitamos en el mediterráneo seguimos disfrutando de las bondades del clima sin tomar conciencia del paso de las estaciones y la adaptación al medio que podríamos generar a partir de la observación.

 

Pero entiendo que soy un poco “papista” (nunca mejor empleado el término hoy que el Pontífice dimite), y que a veces peco de detallista.

Yo os acerco la información y ustedes sacan sus propias conclusiones.

Ah! No se olviden de dejar sus comentarios al pie de la nota, el feedback es lo que nos enriquece. Bamboo House,Belgium.

 

Bamboo House

Napoleón, jefe de Obra.

Napoleón como jefe de Obra debía ser todo un espectáculo, no creen?

Pues este estudio además de resolver una reforma de un piso de 170m2 en la Rue de Rivoli, se ocupó de presentar la reforma al mundo de una forma graciosa, original y creativa.

El aburrimiento, el desgano por el espacio sin habitar o absolutamente estéril los ha llevado a integrar a Bonaparte en la documentación gráfica, desde el principio nos reciben no uno sino tres Napoleones victoriosos asomados al balcón del piso.

Y lo más curioso de la iniciativa es que surgió en obra, en plena reforma bromeaban sobre la posibilidad de que Napoleón hubiera vivido allí, con lo cual no es una reforma más, no es un piso más en blanco impoluto, que he de reconocer que me fascinan, es el piso de los Napoleones.

Hacer un recorrido por el y verificar si os gustó tanto la idea como a mi.

Piso en ParisPiso Napoleón-Paris

El blanco mola

Me declaro fan absoluta del color blanco.

Mi escritorio es blanco, mis bibliotecas son blancas, mis mesas de apoyo son blancas, mi coche es blanco (pero porque era la pintura más económica en el mercado, seamos sinceros).

Si, lo sé muchos dirán “eres una sosa, ¿Cómo puede gustarte el blanco y sólo el blanco?, pon algo de color en tu vida niña!”… y demás acotaciones que provocan que sonría de lado y me divierta con las sugerencias.

¿Os cuento por qué me gusta tanto?

El blanco es la superposición de todos los colores, es sumatoria, es reflejo, y por ende será siempre luz. El blanco te permite diseñar, te deja jugar, te sugiere “yo ya estoy aquí, haz lo que quieras sobre este lienzo, porque la base está asegurada”

El blanco será el color que encuentres cada vez que abras un block de hojas a estrenar, invitándote a dar vida propia con tus trazos.

El blanco es el soporte de todos los colores, o bien puede ser el marco o el contenedor de todos ellos. Sin embargo ¿Cuánto más blanco será el blanco superponiéndolo con su archienemigo? Nuestro querido y desprestigiado negro, ese color estrella con el que vestimos los arquitectos.

El color que nos protege de viento y marea cada vez que necesitamos asistir a un evento donde nuestras retraídas personalidades se encontrarán altamente expuestas.

El blanco resonará en todas direcciones cuando se acerque al negro, el blanco brillará, se agrandará, pero sobre todo; seguirá siendo el cuadro en el que podemos intervenir libremente.

Donde nos podemos dedicar a construir huecos, aperturas, conexiones, podemos acentuar con gestos, mobiliario, luminaria, y también con colores todas las decisiones de diseño que decidamos resaltar.

Pero, como las imágenes valen más que mil palabras, aunque por el momento solo llevo 303, os dejo una muestra.

http://www.fabi-architekten.de/projekte/atelierhaus_schwarz_auf_weiss/

Enjoy white my friends!

Glenn Murcutt y su apacible forma de enseñarnos.

Hace muchos, muchos, o al menos algunos años atrás asistí a una Conferencia en mi querida y ahora lejana Buenos Aires.

Para un estudiante de arquitectura el hecho de poder escuchar y contemplar a aquellos arquitectos famosos, publicados en revistas o libros de actualidad es toda una experiencia;

como el día que vi en directo a Norman Foster con su corbata naranja aparecer en nuestra aula magna, pero esa anécdota os la contaré más adelante.

Volvamos entonces al primer relato, surgió desde el lateral del escenario, detrás de sus gafas, con sus ojos brillantes y pequeños color azul cielo, de pequeña estatura, pero con una gentil predisposición.

Era Glenn Murcutt, el autor de “Refugio para artistas”, que tanto habíamos admirado en los talleres de Arquitectura como ejemplo de arquitectura de corte, contenedor y escala mínima o mejor dicho necesaria para el hábitat.

Toda su exposición se basó en el respeto que debemos tener por la naturaleza, en la devoción por la observación, en todos aquellos pasos que nos sugería dar antes de siquiera levantar el lápiz para comenzar a proyectar.

Sus obras eran el reflejo material de sus palabras, la coherencia es parte de su vida, y esa cálida mañana en la ciudad de Buenos Aires, el nos demostraba con su apacible personalidad que vale la pena apostar y decidirse por ser uno mismo sin necesidad de avasallar a nadie, mucho menos a la madre Naturaleza.

 

Hubo sin embargo una pregunta curiosa, uno de los estudiantes se levantó y le preguntó cual era el consejo que nos daba para sobrellevar el invierno y el verano.

El lo miro pacíficamente y respondió “En invierno tendrás frio, y en verano tendrás calor”.

 

Hoy llegó la imagen de Glenn Murcutt hasta mis manos por una revista, reviví aquella experiencia, y me alegré al poder verificar que sigue siendo un hombre coherente y respetuoso del medio ambiente.

Gracias Glenn.