De la FADU a la ETSAM

Hoy me desperté acordándome de los profesores de la Universidad, todas esas mañanas invertidas, bueno…mañanas, tardes, noches, días, semanas, meses, años, en un sólo objetivo: el título. La paciencia y dedicación de todos ellos, que aún sin cobrar nos brindaban su tiempo, experiencia y saber hacer para que entendiéramos un poquito más cada día de que se trataba el ser arquitecto. Tengo el mejor recuerdo de esa Casa de Estudios, y de la mayoría de sus profesores. Hasta tuve el gusto y la satisfacción de devolver un ápice de lo que me habían enseñado participando como docente de dos cátedras de Historia Contemporánea durante ocho años. Debe ser por eso que para mi este Proyecto de Fin de Carrera es algo especial, o será que la edad hace que una se ponga más sentimental que de costumbre. En fin … que por todos esos años transcurridos en la UBA este semestre le damos duro, durísimo al PFCH y entregamos el mismo proyecto,el mismo problema, pero no la misma solución 14 años después.

Jean Prouvé

” I would run from school to my father´s workshop. And it was there that I would meet all the members of the Ecole de Nancy (…). They were revolutionaries in every way, but above all in the idea of the industrial revolution destined for the masses. Their idea was that all objects should be quality objects, and that all architecture should be of its age”

 

“La historia de la fea, tercera parte : el diálogo con el Constructor y los gremios”

Habiendo cerrado el proyecto debían encontrar un constructor capaz de resolver y construir aquel equilibrado y desafiante proyecto.

El comienzo fue muy duro, porque ningún constructor sabía interpretar los planos, confundían alzados con plantas,

y no comprendiendo la génesis y desarrollo de la obra no se es capaz de materializarla.

Pero ante la primer desilusión la propiedad no se dio por vencida, busco incansablemente y encontró al Constructor apropiado que iba a dar vida a su próxima vivienda.

En el pueblo de al lado residían Pepe Castellanos y su hijo Tomás.

Pepe había regresado de Suiza y había montado una empresa con su hijo, “Trespaderne SL”.

Las reacciones de Pepe y Tomás frente a los planos y detalles fueron completamente opuestas a aquellas que habían recibido hasta entonces.

Pepe encontró en ese proyecto la posibilidad de ejecutar una obra de hormigón visto por dentro y por fuera, le daría la oportunidad de enseñarle a su hijo la profesión.

Podría de esa forma transferir toda la experiencia que había atesorado en Suiza, Pepe enseñaría el oficio y Tomás aprendería.

El diálogo se presentaba como protagonista, y conformaba el puente entre padre e hijo, entre el aprendiz y el maestro.

Tomás se entregó a cada una de las etapas constructivas de la que sería en definitiva su más exigente experiencia.

La obra lo pondría a prueba día tras día, le plantearía interrogantes y los caminos a seguir serían parte de la responsabilidad que tendría como Jefe de Obra.

Se pondría a cargo de cada una de las decisiones de ejecución, y todos los que trabajamos o hemos trabajado en el gremio sabemos que no es una tarea sencilla.

“Tomás planeaba y repasaba semanalmente todas las directrices, tenía todo estudiado, era normal su llamada al estudio para plantear dudas o comentar posibles imprevistos”

– comenta el Arquitecto Carlos Pereda, con un tono de voz entusiasta, al preguntarle por el desarrollo de la obra.

No se si os habeís fijado bien, pero…¿A que las carpinterías son de un acabado impecable? Más allá de cumplir con ese primer requerimiento de la propiedad,

”las carpinterías serán de suelo a techo, no?”, ¿os acordais?, fueron ejecutadas por José Luis Mainz, experto ebanista-artesano por vocación y aparejador por formación.

José había sido premiado en Campeonatos de Oficios, como ganador en la Modalidad de Carpintería.

Su entrega al trabajo y la encomienda, lo llevaban a reproducir los detalles de carpintería que el estudio le entregaba en escala 1:10 a escala 1:1 (si, si, escala real) sobre paneles de DM.

Los paneles de José hoy están celosamente guardados en el estudio, como muestra de su profesionalidad.

Finalmente os agrego una última anécdota, quizás la más graciosa de todas, puesto que para el pueblo

y algunas personas que pasean habitualmente por esa zona la casa no tiene la fisonomía o volumetría a la que están acostumbrados, y debido a ese impacto morfológico la han bautizado como “la fea”.

Para mi, sin embargo que conocí su historia, será la casa de la curiosidad, el diálogo, la entrega, el trabajo en equipo bien sincronizado, la dedicación y pasión por el hacer arquitectura.

Detrás de sus muros, sus huecos, su jardin, sus detalles prolijamente terminados hay una historia.

Humildemente me atrevo a transferir estas anécdotas, porque a mi también me impresionaron y conmovieron.

La arquitectura es la historia del hábitat de los hombres, es la evolución de nuestra mirada y nuestras necesidades, de la técnica aplicada a la construcción, es nuestra propia huella y marca

sobre este mundo, como no iba a querer contar una historia tan real y cuidada; que no hace más que confirmar que somos artífices de nuestros espacios y refugios.

Confirma, además, que hacer Arquitectura es diseñarnos, dimensionarnos, comunicarnos y proponernos a un entorno real sea cual fuere su escala o medida.

Seguiremos haciendo arquitectura, y no sólo los arquitectos, sino tambien los carpinteros, los constructores y los clientes o propietarios.

Participaremos de este desafiante y a la vez gratificante proceso que hemos elegido, cada uno de nosotros desde su lugar y medida sumándonos en la búsqueda de un resultado común.

 

Vivienda Unifamiliar Villarcayo,Burgos.

Estudio Pereda-Perez

http://www.peredaperez.com/

Fotografias de Arquitectura

Pedro Pegenaute

http://www.pedropegenaute.es/2013/vivienda-villarcayo/

“La historia de la fea, segunda parte: el diálogo con el cliente”

 

“Las carpinterías llegarán hasta el suelo, verdad?” – preguntaba en forma temerosa la propiedad al estudio de arquitectura.

El comitente estaba formado por una pareja joven y sus dos hijos, decididamente emocionada por la arquitectura contemporánea,

por tanto identificaban este tipo de carpinterías como símbolo de la arquitectura moderna.

Esa era una de sus mayores preocupaciones, la casa debía ser contemporánea.

Sin embargo, el diálogo con el cliente no se redujo a una lista de requerimientos que todo arquitecto enfrenta en cada proyecto que inicia,

por el contrario, este cliente formó parte del proceso constructivo.

Si, si formó parte del proceso de obra y ejecución de la que sería meses mas tarde su hogar.

La devoción, dedicación y tiempo otorgados a la obra sorprendió a cada paso a los arquitectos Carlos Pereda y Oscar Perez,

como también al constructor y todos los gremios involucrados.

La pareja fratasó a mano el porche y los suelos exteriores, participaron en la ejecución del tendido eléctrico y la jardinería.

Esta iba a ser su casa, y lo sería desde el principio.

“La calidad de ejecución en cada una de las tareas fue brillante” – comentaba el Arquitecto Carlos Pereda emocionado.

Con lo cual, el diálogo formó parte de la ejecución, los propietarios consultaban como debían hacer cada una de las tareas

y agregaban dedicación, tiempo y cariño. Yo lo llamo IVA, impuesto al valor agregado,

porque es un plus que surge o brota naturalmente cada vez que nos apasiona una tarea y nos impulsa a hacer todo lo necesario,

inclusive a inventarnos un nuevo camino para poder llevar a cabo nuestro objetivo.

El cariño y empeño que pusieron en su casa fue parte de la obra desde el comienzo

y así fue como ellos mismos participaron de la búsqueda del constructor. Pero esa anécdota forma la tercer parte de esta historia.

“La historia de la fea, primera parte”

Os voy a contar una historia, es una historia con tres partes.

Primera parte: la curiosidad y el instinto.

Hace muchos años, casi 16 de hecho, tuve un profesor en la Universidad que me pidió expresamente que confiara en mi instinto.

Recuerdo sus palabras, “Confía en tu instinto, porque tu instinto no es una mera casualidad, es el resultado de años de estudio”.

Esa frase resonó en mi cabeza hace poco más de un mes. Estaba navegando por la web, acompañada de mi café, cuando la encontré.

Era una casa de una única planta, hormigón visto y madera, suficientes datos para despertar mi curiosidad.

Sus lineas, partido, decisiones de diseño no habían sido evidentemente resultado del azar.

Me dirigí a la web del estudio a cargo de la obra y encontré que estaba “under construction”.

Decidí escribirles y darles mi mas humilde enhorabuena.

No había pasado una hora cuando recibí respuesta, agradecidos por mis felicitaciones se ponían en contacto conmigo.

Les comenté entonces, que tenía intención de escribir un post sobre la obra, y para mi sorpresa encontré un mail muy generoso en respuesta brindándome toda la ayuda que necesitara, contando con información adicional como planos, esquemas y fotografías.

Volví a escribir al estudio unas semanas mas tarde, preguntándoles por una anécdota, una historia, algo que quisieran comentarme que no involucrara la resolución arquitectónica únicamente, todos esos datos son más que interesantes, pero reconozcámoslo sólo nos interesan a los arquitectos.

Las casas, los hospitales, los centros comerciales, las estaciones de metro, las escuelas, todos los espacios diseñados y construidos toman vida por y para la gente.

¿Cuánto más habría por decir de la CASA en si misma?, nuestro refugio, reposo y cobijo desde tiempos inmemoriales.

-Cómo el ser humano no deja nunca (afortunadamente) de sorprenderme, recibí la llamada de uno de los arquitectos involucrados en el diseño y dirección de la obra.

Era viernes por la mañana, Carlos Pereda tuvo la amabilidad de ponerse en contacto conmigo y contarme las anécdotas más destacadas sobre el proceso de diseño, construcción, búsqueda del constructor y realización de los detalles de carpintería por un ebanista de profesión y vocación evidentes.

Tengo la dicha de contar entre mis manos con esas mimadas anécdotas, porque simplemente nos animamos a dialogar. Por un lado un estudio de arquitectura generoso, flexible y  abierto que cree que hay mucho más por decir o contar de una obra más allá de sus detalles

constructivos, y por el otro lado una curiosa e inquieta arquitecta que cree en su instinto por encima de muchas otras cosas.

Es por ello que la primera parte de esta historia tiene que ver con el contacto entre partes,

con el animarse a expresar una opinión, con tocar la puerta a través de un e-mail, con escuchar y responder.

Y una vez más tiene que ver con el instinto.

Bendito instinto y consejo que me llevaron a expresar aquello que me había conquistado en tan solo un minuto.

La segunda parte nos desvelará anécdotas sobre la relación entre el estudio de arquitectura y el cliente, un cliente de lo más particular y hasta me animaría a decir que único en su “especie”.

The art of asking

A veces no encontramos respuestas, a veces no miramos el bosque, a veces reducimos nuestra visión simplemente a aquello que creemos es cierto y confiable.

Y digo a veces, por no decir “casi siempre o siempre”.

La consecuencia de ello es un listado de quejas y protestas que nos acompañan dia tras dia, un pantano enorme que nosotros mismo creamos con nuestra incansable capacidad de ver las cosas “casi siempre o siempre” con el mismo cristal.

Y…digo yo, ¿No será en realidad que el problema radica en la pregunta?

¿Qué pasaría si cambiáramos la pregunta?

Creo que no hay que ser muy listo para darse cuenta que la respuesta también se modificaría.

http://www.ted.com/talks/amanda_palmer_the_art_of_asking.html

5 de Marzo de 2004

 

La mañana del 5 de Marzo del 2004, me levanté pronto, me duché, junté todos mis apuntes, mi tesis de fin de carrera “Simbiosis entre Arquitectura e Ingeniería en la obra de Louis I. Kahn” y me dirigí hacia la Facultad para rendir mi última asignatura; Historia de la Arquitectura 3.

Mi padre me llevaba, conducía por Callao y me daba palmaditas en la rodilla diciéndome, “no te pongas nerviosa, va a salir todo bien” cada escasos dos minutos.

Esa mañana había sido diseñada por mi hacía tiempo.

Cuando terminé de cursar arquitectura, me quedaban por rendir 9 exámenes finales, que di a lo largo de un año y medio, pero sabía que quería recibirme (graduarme) con Historia.

Sabía que iba a tener que encerrarme, que tendría que despertarme a las 5.00 de la mañana, habiéndome acostado a las 12.00, mi obsesión por pensar que nunca era suficiente lo que había estudiado me llevaba a tener que dormir poquísimas horas en función de todas las que me pasaba estudiando; pero sin embargo no importaba.

La meta era lo suficientemente atractiva como para seguir adelante sin tener en cuenta lo que dejaba de lado.

Curiosamente el día de mi ultimo examen los nervios me abandonaron.

Llegué a la Facultad, me dirigí hacia el taller 205 del segundo piso, y me presenté a examen.

Al principio fue algo accidentado, porque el profesor de Historia 3, Martín Lisnovsky, con quien luego tuve el placer de trabajar en la Universidad, no quería tomarme examen, porque no había corregido la tesis ni dos veces.

A lo que mi decidido temperamento le contestó, “Me voy con un 2 o con un 4 (aprobado), pero yo rindo examen”, creo que si le pregunto hoy seguro se acuerda de lo “delicada” que fui en ese momento.

Con lo cual, ante mi decisión, optó por llamar al Adjunto de la Cátedra, el Arquitecto Beto de la Torre, que amablemente accedió a tomarme examen.

Nuestra charla se extendió mas de una hora, entre croquis, preguntas, comparaciones, recorridos entre la arquitectura contemporánea, renacentista y medieval.

Finalmente Beto me dijo, “Felicidades Arquitecta, se ha usted recibido”.

Y en ese momento sentí que todo el esfuerzo había merecido la pena, se me atragantaron las palabras, pero creo que pude decir “grap-cias”.

Salí de la clase cargando mis libros y apuntes.

Me esperaban mis amigos y mi familia, hasta el bibliotecario pasó a ver cómo me había ido.

Fue un gran día que hoy recuerdo con orgullo y muchísimo cariño.

Algunos dicen que el día más importante de una mujer es cuando tiene un hijo, o se casa…yo ni una cosa, ni la otra, pero si se que el 5 de Marzo de 2004 fui muy feliz, porque fui lo que siempre quise ser, Arquitecta.

Si, si…pero

No se que opinan ustedes pero a mi la decisión de la tira o el pabellón sobre otro tipo de partido arquitectónico me parece correctísimo, sacar provecho del muro existente y otorgarle responsabilidad estructural es una operación evidente.

La disposición de los ambientes resulta lógica, pero sin embargo no encuentro nada atractivo el corte.

Subir y bajar, subir y bajar … me resulta incómodo.

 

¿La lógica del prisma o el pabellón, no sugiere un plano contínuo, o a lo sumo interrumpido, pero visualmente conectado por el mismo nivel de cota?

A mi el hecho de interrumpirlo y generar doble altura me parece lógico, una operación de diseño válida, y también efectiva para volcar los ambientes de la planta superior y/o circulaciones al espacio social o más concurrido de la casa, por otra parte le brinda la posibilidad al espacio principal de resaltar en medio de la tira.

No todos podemos ser iguales, no todos somos útiles para lo mismo.

Pero la constante alteración desmerece la alteración en si.

Vamos que para mi, es o una cosa o la otra.

 

Por otra parte el tratamiento y el uso de la fachada como agente activo es inteligente y necesario, lástima que parece que esas decisiones las siguen tomando aquellos que habitan climas mucho más extremos, y nosotros, los que habitamos en el mediterráneo seguimos disfrutando de las bondades del clima sin tomar conciencia del paso de las estaciones y la adaptación al medio que podríamos generar a partir de la observación.

 

Pero entiendo que soy un poco “papista” (nunca mejor empleado el término hoy que el Pontífice dimite), y que a veces peco de detallista.

Yo os acerco la información y ustedes sacan sus propias conclusiones.

Ah! No se olviden de dejar sus comentarios al pie de la nota, el feedback es lo que nos enriquece. Bamboo House,Belgium.

 

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